CINE LÉSBICO: LAZOS ARDIENTES

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CINE LÉSBICO: LAZOS ARDIENTES

Mensaje por charo el Mar 14 Jul 2009 - 4:53

LAZOS ARDIENTES

Dirección, guión y producción ejecutiva: The Wachowski Brothers.
País: USA.
Año: 1996.
Duración: 108 min.
Interpretación: Gina Gershon (Corky), Jennifer Tilly (Violet), Joe Pantoliano (Caesar), Mary Mara (Bartender), Susie Bright (Jesse), Margaret Smith (mujer policía), Barri Kivel (Shelly), Christopher Meloni (Johnnie Marzzone), John P. Ryan (Micky Malnato), Richard C. Sarafian (Gino Marzzone), Gene Borkan (Roy).
Producción: Stuart Boros y Andrew Lazar.
Música: Don Davis.
Fotografía: Bill Pope.
Montaje: Zach Staenberg.
Diseño de producción: Eve Cauley.
Dirección artística: Andrea Dopaso y Robert C. Goldstein.
Vestuario: Lizzy Gardiner.
Decorados: Kristen Toscano Messina.

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CRÍTICA por Josep Alemany

ANTES DE «MATRIX»


Para unos –la mayoría–, los hermanos Wachowsky nacieron con Matrix (1998), antes ni siquiera existían. Para otros –la minoría–, nacieron con Lazos ardientes (1996) y murieron con Matrix, si bien, más generosos, no descartan que algún día resuciten. Entre los dos extremos se dan varias posiciones intermedias.


Incapaz de terciar en la polémica (no he visto el superéxito de 1998), me limito a señalar que, antes de Matrix, los hermanos Wachowsky rodaron una cinta excelente. Pasó casi inadvertida y sólo se menciona de vez en cuando para hablar de las cargas y descargas de electricidad sexual entre Gina Gershon y Jennifer Tilly.

J.A. (2000)

LAZOS ARDIENTES


Mientras que en inglés el título de la película se limita a Bound, en castellano se han sacado de la manga el adjetivo que designa un alto grado de calor o de pasión. El resultado: Lazos ardientes. Dicho título y la propaganda ofrecen una imagen falseada de la película. La presentan como si el atractivo principal fueran los números lésbicos. Ello supone coger la parte por el todo. En realidad, se trata de cine negro, con la particularidad de que tiene como protagonistas a una pareja femenina.


Tras la obligada presentación de los personajes y dos tórridas escenas entre Corky (Gina Gershon) y Violet (Jennifer Tilly), entramos de lleno en el meollo de la película. Violet vive con un elemento de la mafia, Caesar (Joe Pantoliano), quien tiene bajo su custodia una maleta llena de dinero que ha de entregar al capo. Corky –el cerebro de la pareja femenina– idea los planes para hacerse con la pasta. Luego los acontecimientos se encargarán de desbaratar un poco los planes. Ya se sabe: es imposible programarlo todo.


Lo esencial de la acción transcurre en dos pisos, prácticamente en uno. Ello confiere una gran intensidad a cada escena, a cada minuto, aunque, en un ambiente tan cargado, no faltan las pinceladas de humor (Caesar lava, tiende y plancha los billetes como una buena ama de casa). El enfrentamiento entre los personajes desemboca en una carnicería. Y nada puede evitarla, ni siquiera la invocación a los valores tradicionales. Al contrario, la desencadena. «Somos una familia», le susurra el capo a Caesar antes de que éste apriete el gatillo. Caesar al final repite un número parecido con Violet, con idéntico resultado.


Si bien las heroínas son dos mujeres (y a Jennifer Tilly el doblaje le hace un flaco favor), justo es subrayar la excelente interpretación de Joe Pantoliano en el papel de matón de la mafia. Se trata de un fanfarrón, prisionero de la mitología machista. Precisamente el machismo le pierde. Como siempre ha despreciado la inteligencia del género femenino, no prevé las reacciones de Violet. Y cuando Violet, que hasta entonces había representado el papel de «esposa sumisa», pone fin al teatro conyugal, Caesar, atónito, no da crédito a sus ojos.

ADIÓS AL MACHO


Violet y Corky son antagonistas, incluso en la sexualidad, al mundo de la mafia. Ahí está la gracia de Lazos ardientes. El espectador no corre el peligro de asfixiarse, como le ocurría con El padrino, porque los dos personajes femeninos introducen aire fresco en el universo cerrado y machista de los mafiosos. Y al ver la acción a través de su mirada antagónica, se evita todo tipo de fascinación o admiración, como la que sienten Scorsese y Coppola. Lo ha captado muy bien Barry Norman: «El padrino resulta moralmente inquietante por su presentación de la mafia, si no exactamente como el bando de los buenos, por lo menos como merecedora de nuestra admiración» (Las 100 mejores películas del siglo).


Violet experimenta una evolución inversa a la de Michael Corleone (Al Pacino) en El padrino. El héroe de guerra al que se quería mantener al margen de la mafia acabará engullido por la Honorable Sociedad, se convertirá en la perfecta reencarnación de su padre. Violet, en cambio, a pesar de la aparente integración inicial, conseguirá librarse de los lazos mafiosos. Al final se larga con Corky para vivir a su aire, llevándose, por supuesto, el dinero. Porque, como decía un maestro de la dialéctica refiriéndose a nuestra sociedad: «La única libertad que me falta no es una libertad: es el dinero.»


Los hermanos Wachowsky han filmado con cierto esteticismo: abundan los picados y (aunque menos) los contrapicados, Caesar se desploma a cámara lenta, el cromatismo está muy trabajado. Los colores se han restringido, fundamentalmente, al negro y al blanco, y a su mezcla, el gris, sobre todo el gris azulado. Salpicados por el rojo de la sangre. El piso de Caesar y Violet ilustra a la perfección esa gama de colores.


Lazos ardientes constituye, pues, una agradable sorpresa. Buen cine negro. Y con happy end. ¿Por qué no?.

J.A. (1996)

charo

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